UNA ACTITUD DOS RECOMPENSAS

Los tiempos finales son de gran confusión, manipulación, es así como aparecen personajes con todas las unciones que el hombre sea capaz de provocar, los que hacen milagros, los carismáticos, los convincentes o manipuladores, los seudo amorosos, los que tienen apariencia de piedad pero que niegan su eficacia, los que están llenos de teología o profecía, los que dicen orgullosamente tengo ya mas treinta, cuarenta  años en el Señor,  los que conocen gran parte de los misterios, los que hablan lenguas y los que no lo hacen, los que están a punto para el tiempo del tercer día, los reformadores neoapostolicos,  en fin hay de todo en la viña del Señor, ¿verdad?.

 Lo que no he visto entre tantos maestros, ungidos, santos predicadores, ha sido personas ungidas con piedad, verdaderos santos piadosos, mansos, sumisos al Espíritu Santo y que den toda la gloria solo a Jesucristo, el sumo pontífice y Señor del reino.

El apóstol Pablo fue un fariseo celoso de sus tradiciones judías, fue un perseguidor de los primeros cristianos, a tal punto era su furia contra la Iglesia que llego a ser testigo ocular, presencial de la muerte del diacono Esteban, ocasión en que a los judíos le castañeteaban los dientes por el odio religioso al ver aquel manso hombre entregarse por su maestro y salvador, Cristo Jesús.

 Este judío obsecuente conocido como Saulo de Tarso, tuvo una experiencia con Jesucristo resucitado y ascendido cuando iba camino a Damasco en persecución de los cristianos, allí fue mudado a un nuevo hombre y con el tiempo llego a ser el gran apóstol Pablo, que dejo muchos escritos epistolares que conforman el canon bíblico. En una de sus epístolas, mas precisamente en Primera de Timoteo 4:7.8 dice así: “Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”. Esta exhortación le es enviada a su discípulo Timoteo y lo insta a que se ejercite en ser piadoso porque la piedad tiene doble recompensa, en esta tierra, en este mundo y en la vida eterna, donde el piadoso recibe el galardón o corona de Dios.

 Cuanta necesidad existe en este mundo violento e impío, de cristianos verdaderamente piadosos, cual es la característica de la piedad, dice el diccionario de la Real Academia que piedad significa: “Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión”. O sea que el piadoso es alguien que ama a Dios y que recibe su amor, es un ser que ama y se siente amado por un amor sobrenatural, real, poderoso que lo capacita para amar las cosas santas de Dios y por recibir ese gran amor de Dios entonces es capaz de amar a su prójimo, tener actos de compasión y misericordia por los que sufren en esta tierra. Ahora para llegar a experimentar ese amor sublime de Dios y amar a Dios con toda mente, corazón y fuerzas, uno debe estar dispuesto a dar su vida por Dios como la dio Esteban (Hechos 7), el estar dispuesto a darse por entero a Dios y a su prójimo ocasionara rechazo, desprecio, humillación, dolor físico o emocional, pero traerá el consuelo divino, el amor que sana toda herida, en ese ejercicio espiritual uno puede llegar a ser ejercitado en la piedad, como le menciona Pablo a Timoteo.

Existe en el evangelio de Lucas un precioso relato de un hombre anciano que espero pacientemente durante años la consolación de Israel, la nación fue oprimida por años pero este judío manso fue ejercitado en la piedad, nos dice en Lucas 2:21…32 “Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel”.

Vemos como la Palabra de Dios destaca que el anciano Simeón era justo y piadoso, había sido ejercitado en el gimnasio de Dios, estaba ungido por el Espíritu Santo, la tercera persona de la santísima Trinidad, lo movió en el preciso tiempo que el niño JESUS era llevado al templo a pocos días de su nacimiento terrenal. Allí se encuentran en el KAIROS de Dios, preciso tiempo y circunstancia determinada en los cielos para que un acontecimiento se cumpla. Simeón tuvo su recompensa máxima en esta tierra, sus ojos pudieron ver el más grande y glorioso avivamiento que un hombre haya visto jamás, pues era nada más y nada menos que la mismísima vida de Dios. A el se le da el galardón como premio a su perseverancia y piedad.

Cuanta falta nos hace un avivamiento en este tiempo final, mucho se habla de la lluvia tardía, de la manifestación del tercer día, de la renovación tal o cual, pero nadie podrá alcanzar la presencia caudalosa de Dios en el despliegue de su río de vida sino ha sido ejercitado, perfeccionado en la piedad. La vida virtuosa de la piedad transita por la vereda opuesta a la teología de la prosperidad, la cual busca solo llenar los propios graneros, el ser piadoso es un ser que vive con poco pero como es rico en Dios puede alcanzar mucho y lo vuelca todo en el reino de su Dios y en su prójimo, porque sabe que es un peregrino en este mundo. El piadoso que alcanzara el avivamiento final será un cristiano al estilo de Simeón, de Esteban y de tantos santos que dejaron sus vidas por la causa de Jesucristo, nada que ver con lo que el submundo evangélico nos pretende imponer con sus reformas apostólicas, con sus modas, con sus voceros elocuentes enriquecidos en todo pero carentes de piedad. Dios esta buscando corazones que puedan latir al ritmo piadoso de su corazón, esta dispuesto a experimentarlo, búsquelo y no será defraudado, porque la piedad tiene doble recompensa. Dios le bendiga.

Publicado en on Mayo 5, 2009 at 3:40 pm Dejar un comentario